Publicidad:
La Coctelera

Batiscafo

27 Diciembre 2005

CONMIGO.

La otra noche, es una forma de decirlo, era en realidad una hora indecorosa de la madrugada; un amigo me habló sobre lo que entiende el por soledad, o como vivía el su soledad. La conversación se tornó en un monólogo, (interesante por cierto), pero no tuve oportunidad alguna para dar mi punto de vista sobre el tema en cuestión, porque de un momento a otro se quedó sin habla y me dijo que no podía más, y que tenía que irse a dormir, así que sin más ni más, se puso de pie lo más correctamente que pudo, y desapareció.

Me quedé pensando en el tema, y le he dado varias vueltas.
Cuándo me he sentido sola?, o, Por qué me he sentido sola?
Cuántas veces? Donde?. En que momentos de la vida?.
Después de desordenarme un poco, para variar, esto es lo que le arranqué a mis memorias, a mis recuerdos ( los que no me gustan mucho, y a algunos que si) y también un poco al imaginario que me acompaña a donde sea que vaya.
Así, que estas son las conclusiones a las que llegué y que me dan además la posibilidad de poner en papel un tema que la verdad vengo escuchando retumbar en mi cabeza hace mucho, mucho tiempo.

Me siento sola cuando escribo, cuando sé que sólo me tengo a mi para sacar las ideas, frases, palabras que se agolpan en mi cabeza, para matarlas una a una, o darles vida eterna sobre una hoja de papel. Son historias tan personales algunas, y tan comunes otras, que sencillamente son eso, historias de todos los días, de cualquier día. Y si, tengo miedo, miedo de que no me guste lo escrito, lo recreado, lo que acabo de inventar, de que odie lo que sale, pero ese es el riesgo, y estoy aprendiendo a convivir con el todos los días.

Me he sentido muy sola cuando he llegado a casa y no está ese alguien que salga a recibirme, para bien o para mal.
No hay ya gatos viviendo conmigo, tampoco tengo a Milos, mi perro, y mucho menos existen pajaritos encerrados en hermosas jaulas de alabastro. No hay, hace mucho tiempo un novio feliz o testarudo que me reciba con naranjas recién cortadas, con sus verdes hojas aún en los tallos, que estudie mantis religiosas o cucarachas de la selva. No tengo por lo tanto, unos ojos azules que me esperen como solía ser, o un pintor loco que dibujaba gatos con caras y tetas de mujer en las paredes. No hay escritor envejecido que me cuente historias de Uruguay en llamas, o fotógrafo que busque capturar la quinta esencia de mis ojos. Tampoco escucho la música negra de mi padre, o los bossa de mi mamá como acogedor recibimiento para la hija pródiga.
Sólo hay silencio absoluto, muebles antiguos con arañazos, libros desgastados, cuadros de amigos (y de un ex novio), un gato pescando una estrella amarilla, una jirafa de madera sentada al borde de la nada.
Cosas mías que hacen que recuerde quien soy, y que por eso me gustan tanto.

Me sentido sola tantas veces cuando recostada mi cabeza sobre una ya conocida almohada, me doy cuenta que no hay alguien ahí conmigo. A veces he llorado por esto, y he escuchado en el eco de la habitación lo histriónicos que pueden ser mis gemidos de niña asustada; entonces me he reído, un buen rato casi siempre y como suele suceder, terminó por quedarme dormida abrazada a la vieja almohada, pensando en otras cosas, como por ejemplo cuanto me gustaría saber volar, en que tomaré café temprano con Margarita o Fabiana, y que probablemente mañana si voy a estar más ordenada.

Me he sentido orgullosamente sola cuando me veo frente a un espejo y sé que soy yo y nadie más, con todas mis cosas malas, las que no me gustan para nada y también las que amo profundamente esas que hacen que me quiera por ser como soy.

Me he sentido bien estando conmigo misma, mirando mis manos, mis pies, tocando mi pelo sabiendo donde está mi cabeza, y mis ojos, conmigo viajando lo más lejos posible y asomando la mitad del cuerpo por la ventana del auto en pleno movimiento; entonces me he dado cuenta que no tengo prisa por llegar a ningún lado o partir nuevamente.
Me he sentido bien (conmigo) cuando camino por alguna calle repleta de gente, (si, con mucha gente en ella); me doy cuenta que los que pasan a mi alrededor son absolutos desconocidos, y que no me importa que está bien ver caras que no volverás a ver; y justo, en ese momento me ha provocado caminar de espaldas (muchas veces, honestamente) no porque no quiera ver el camino que viene, sino porque quiero saber que me puedo estar perdiendo por no seguirles la corriente.

Si, es cierto; me he sentido muy sola, y desesperada tantas veces, tan cansada y con ganas de huir, sin saber donde, o porque, para encontrar qué?.

He buscado que me consuelen egoístamente, que me expliquen, que me den razones, y la verdad es recién ahora que las razones y justificaciones ya no me interesan más. Si, he tenido miedo, todavía tengo mucho miedos, pero ya no los del mounstruo debajo de la cama, tengo miedos más grandes y más feos, tengo miedos reales. A veces sin previo aviso saltan sobre mi, pero sé que con mucha dificultad (porque no me dejó ganar tan fácilmente) podrían traerse la estantería abajo.

Sé quien soy por estar tanto tiempo conmigo, por darme otra oportunidad más (una detrás de otra, una y otra vez si es necesario y ya sin desgarrarme las vestiduras). En eso estoy, en esas ando, y con toda la honestidad del mundo que pueda caber en mi, esta sensación de libertad, soledad, o estar conmigo misma en ocasiones puede ser realmente deliciosa, y puede saber mucho mejor aún si se puede compartir con ese alguien más.

servido por maria eugenia sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de maria eugenia

Batiscafo

lima peru, Perú
ver perfil »
contacto »
Nelsón y Nicolás, los únicos hombre en mi vida

Fotos

maria eugenia jordán todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera