Deberías escribir sobre tus sueños sin ser categórica, me decía una ex pareja.
Es curioso, pero suele suceder que en el corto trayecto de la almohada a la vertical realidad de ponerse en pie, es que se pierden mil y un detalles.
De uno de mis últimos sueños recuerdo a un hombre alto, calvo con una túnica negra y delicadas manos que me decía que quien se quedaría a mi lado desanudaría tres nudos que cargo conmigo hace un buen tiempo. Me miraba fijamente y repetía que no olvidara cuáles eran esos tres nudos; luego se escondió en el closet de la habitación y desapareció.
Es un trayecto corto, físicamente hablando, ese del despegue de la almohada hasta tomar asiento con uno mismo, pero demasiado largo para la memoria y como si hubiesen transcurrido más de un vida en tan sólo cuatro o cinco segundos, olvida detalles que seguramente da ya por sentados y reconocidos.
Finalmente, y como es también traicionera no recuerda sino fragmentos de esa vida paralela que son los sueños.
Al hombre calvo lo busqué por inercia en el closet. Me di cuenta que había despertado, cuando me descubrí a mi misma, con los brazos extendidos buscando una puerta o algo parecido en la pared.
Salí del dormitorio y ya en la sala y encendí un cigarrillo, el primero de la mañana. Trataba con todas mis fuerzas de recordar que era lo que debía desanudar aquel que se quedaría a mi lado, pero no recordaba nada por más que lo intentaba, aún cerrando los ojos con fuerzas para ver si por ahí, en algún lugar entre mis ojos y mi cerebro se había extraviado la escena final de la película, hasta me paré de cabeza para hacer que el recuerdo perdido en algún recoveco entre ambos hemisferios llegase a la superficie misma de la memoria.
No puede ser, pensaba, esa información tiene que haber quedado en algún lugar. Me senté cerca a la ventana para ver si con el aire en la cara podía acelerar el tramite, pero el ruido en la calle que suele ser mínimo, esa mañana tenía rezagos de música de alguna fiesta de la noche anterior.
Que desconsiderados, pensé.
Encendí otro cigarrillo para ver como se pierde el humo en el espacio. Creo que es por eso que fumo, porque me gusta ver el humo escapando como quisiera hacerlo yo misma alguna vez, y entonces en ese momento me puse paranoica; qué tal si la información que estoy buscando se va con el humo mismo que exhalo?. Apague el cigarro lo más rápido que pude, cerré la ventana y traté de ver en las blancas virutas algún tipo de señal, de información sobre los nudos, lo que fuera. Algo.
Nada.
Cuáles eran los nudos?, En qué parte del recorrido ha quedado varada la información que tendría que tener en este preciso momento?
Quién es ese hombre que desanudará mi vida?
Existe realmente, o es sólo parte de otro de mis extraños sueños?.
Lo peor que podría suceder, y que es algo que siempre he creído, es que los personajes de los sueños se pueden extraviar, perderse en el camino y como en las películas aparecer en los sueños de alguien más; lo cual sería terrible porque si así fuese podría llegar, por ejemplo, al sueño de un conocido despistado, darle la información que me debía entregar a mi personalmente, y entonces final del cuento; como cartas que se pierden en el correo nunca llegaría a saber eso que ahora me agobia.
No he vuelto a soñar con el calvo, pero lo recuerdo perfectamente, y por si sucediese algo interesante en otro sueño, si lo volviese a ver, porque nunca se sabe, he dibujado una puerta un poco baja para el en la pared del closet, quien sabe, de repente de esa manera es más sencillo que de conmigo y me entregue la información que tanto espero.

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