Emilio, mi gato que no tiene verguenza de ser como es.
Hoy salí temprano de mi casa, y mi gato - cosa extraña- no me siguió hasta la puerta para salir corriendo como poseído por el espíritu de algún demonio felino; por el contrario ( y por eso creo que se está haciendo mayor) se quedó viéndome, echado como estaba sobre un cojín, y no se inmuto, saltó, o me mordió cuando me acerqué a mirarlo.
Ay Emilio!, ¿dime si no eres un gato extraño, travieso y demandante?, pero a veces, como ahora, me haces creer que realmente en algún momento me vas a decir que esta no es mi casa, y purrrrrrrr qué carajos estoy parada acá, viéndote sin pestañear, y encima tapándote el sol.
