Mi pequeño hijo
Nicolás tiene 33 semanas de vida, que equivalen a 231 días, o 5544 horas.
Aún está en mi panza, y siento tan claramente sus patadas, sus manazos, sus hipos cortitos y a veces prolongados, que en más de una ocasión me ha hecho llorar sólo con mirar como se mueve esta enorme isla que es su casita.
Nicolás es el único hombre sobre la faz de la tierra que ha hecho que cambie mi vida por completo, de vivir como saltimbanqui sin un rumbo fijo, ahora sólo pienso en el, en encontrarle ese lugar precioso y preciso que imagino para el, en despertarme para buscar su carita, en dormirme de tanto mirarlo, en mantenerme viva por el, con el y para el.
Ya no falta nada hijo, vamos a conocernos en siete o cinco semanas, probablemente luego te coma a besos, te cuente mil historias, te cante (desafinadamente ) todas las canciones que pueda recordar.
No imaginas Nicolás cuanto te amo.
