Publicidad:
La Coctelera

Batiscafo

7 Mayo 2006

Paralelos

Ariana escribió una carta para Marco; una carta donde le contaba porque razón primero se enamoró de él, y segundo, también porque razón se había desenamorado.
Ariana veía la relación que compartían hacía un año, como una fila de fichas de domino, y el momento exacto en el que la última golpeaba a la primera y todo se derrumbaba como por arte de la gravedad, como la alegoría perfecta para describir el final de la relación que compartían más por costumbre que por cualquier otra cosa.

Marco intentaba, por su parte escribir, para Ariana otra carta, sin retórica, con tachones y remiendos.
En ella le contaba como se había enamorado perdidamente de sus ojos marrones, de su risa loca, de sus historias inverosímiles, y también porque debían seguir juntos a pesar de los tropiezos y caídas, meros juegos de la gravedad. Le decía también (en un esfuerzo intelectual), que sentía que a pesar de su fragilidad aparente, los castillos de naipes pueden soportar embates si saben sostenerse.

Marco era medio bestia para dar ejemplos y crear figuras literarias.

Ariana había terminado su carta, y con toda la lentitud del mundo, un poco por la tristeza y otro porque hacía mucho frío, iba a casa de Marco para dejar su confesión por escrito por debajo de la puerta.

A esa misma hora, Marco aún no sabía como recomenzarla, y ya había roto y tirado al tacho por lo menos medio paquete de papel a4 texturado.

servido por maria eugenia 6 comentarios compártelo

23 Abril 2006

Mi hermana cumplió diez y nueve años ayer.
Hoy es un año mayor y se ha ido muy temprano a hacer un trabajo con unas amigas de la universidad.

A su edad también andaba en lo mismo, trabajos, tareas, proyectos y unas ganas locas de vivirlo todo, que pensé se irían aplacando con el tiempo, y que sin embargo por haber ido en una sola dirección no quiere decir que hallan desaparecido.

Ahora (como suele sucederme), tengo tangas ganas de empezar nuevamente, todo de cero.

servido por maria eugenia 4 comentarios compártelo

22 Abril 2006

Cerrado por Remodelación

Cuando EL me preguntó por qué no quería salir siquiera a tomar un café, le dije que en ese momento sentía que mi corazón se encontraba dentro de una cajita transparente, hecha del mismo material que las puertas en los autoservicios, esas que desde afuera se puede ver todo lo que hay allá dentro, cds de música, libros, revistas, películas, tacitas de bordes verdes y mesas coquetas de tres patas, pero que el había llegado justo en el momento en el que tenía un cartel colgado afuera que dice:

¨Cerrado por inventario¨,¨Clausurado por remodelación¨ o ¨Pronta reapertura¨, y que eso de ¨pronta reapertura¨ es siempre una fecha incierta, que se pone para crear espectativa hasta que la gente se cansa y se olvida.

Lo último que escuché fue un seco click al otro lado de la línea.

servido por maria eugenia 5 comentarios compártelo

16 Abril 2006

Me rompí una pata

Tengo una pena, una chiquita pero que jode hace ya muchísimo tiempo, y creo que por esa pena es que me he roto el corazón más de una vez, y que hasta ahora, por no cargarla de manera correcta hace unos días atrás, he rodado las escaleras tratando de atraparla en el vuelo inevitable al que te obliga la gravedad. Yo creí que podía volar, y me he fisurado un hueso del tobillo.

Le he escrito cartas interminables, poemas, memos, y hasta un par de canciones, y seguramente algunas cosas más que no recuerdo. Por esta pena, me mudé a un lugar extraño y maravilloso, y por la misma, me separé, (y volví a juntar), por ella conseguí un gato amarillo al que llamé Clara, y por ella he viajado sin sentido a través del tiempo en los millones de historias que han llegado a mis manos en un vano intento por hacerla a un lado.

A mi no me mueve la euforía, tampoco la tranquilidad, o la algarabía efímera de los logros inmediatos, me mueve esta pena, la pena de no encontrar, de buscar sin sentido, sin esperanzas, la pena de telenovela y drama rosa, tal vez porque me criaron en una época en la que la vida como la conocíamos llegaba su final irremediablemente, o tal vez porque después de todo es completamente inevitable ser como soy.

servido por maria eugenia 2 comentarios compártelo

3 Abril 2006

El cantante español

No recuerdo cuál es el nombre del vocalista, tampoco como se llama la canción, pero hoy en la mañana me desperté con una historia cantada dando vueltas en mi cabeza, como si de una consola, esas que tenían agujas y un brazo mecánico para guiarlas, se tratase.

Estaba ahí, sonando en el espacio mismo de mis recuerdos, acompañando mi primer bostezo, el que sentí como la voz de alguien a quien no conozco hablándome al oído, y siguió ahí hasta cuando me metí a la ducha. Parecía que la había programado para que se mantuviese en la opción “repeat” indefinidamente. Desconozco si en las consolas antiguas existía esa opción, pero en mi cabeza si, y como sea, a ciencia cierta sé que sabe auto-programarse.

El agua que salía con poca fuerza de la regadera, me mojaba hasta ponerme la piel de gallina.

Eran las seis y media de la mañana, a esa hora mis vecinos todavía duermen, casi no se escuchan ruidos en la calle. Emilio, mi gato, me mira con cierto desencanto, como si estuviese triste. Es típico de los gatos verse “tristes” de cuando en vez.

Hola, le digo.

Lo cargó y le besó la panza.

Emilio no entiende nada, y me muerde la barbilla; en ese momento, la letra de la canción escapa de mis labios, como si hubiese estado ahí con el volumen bajo y sólo yo podía escucharla. La voz del extraño cantando con acento español hace que me tiemblen la piernas, sólo que yo no cantó como española, mi voz es terrible y mi gato, que lo sabe, salta de mis brazos para esconderse dentro del clóset

Tocan el intercomunicador: ¿Señorita Jordán?, servicio de taxi.

La tele se ha prendido sola, cosas de la tecnología.

Si, un momento, ya bajo.

No he dejado de escuchar la voz del cantante español.
No he podido evitar pensar que me gustaría compartirla con alguien un tanto cursilón como yo para que se emocione por lo menos un poquito, sobre todo en la parte en la que dice que el techo es tan alto y tan fría la pared, y tengo tanto miedo de perderme o desaparecer.

servido por maria eugenia 2 comentarios compártelo

1 Abril 2006

Decisión

Por segunda tengo la sensación inequívoca de que lo que queda por hacer ahora ( en este momento ) es irme definitivamente de mi país, y es por una sencilla razón, ya no sé puede esperar a que el tiempo mejoré las cosas, sólo queda a que las cosas que una haga mejoren el tiempo.

servido por maria eugenia sin comentarios compártelo

1 Abril 2006

Dos

Mariella miraba por la ventana de la oficina, como en la acera frente a nosotras, justamente al lado del árbol al que suelo abrazar cuando grito: buuuu, señor árbol, una pareja se contemplaba con toda la honestidad que sólo se puede ver cuando dos están enamorados.

Mira, me dijo, mira como se contemplan, como se ven; como lo mira ella a el, como el a ella. Mira, dijo, mira como se besan.

Los ojos de Mariella se tornaron vidriosos, ( tiene lindos ojos) y su cabello, largo y rubio, justamente en ese momento cayó de manera graciosa sobre el lado derecho de su rostro de niña curiosa.

De pronto no sé porque, la luz que entraba por esa misma ventana la presentó como una recreación del personaje principal del Nacimiento de la Venus de Boticcelli. Sólo atiné a decirle, de la manera más egoísta y vanal: oye, ¿no vas a llorar no?. Lo dije en realidad porque hubiese querido cambiar de sitio con ELLA, la chica que era besada, contemplada y abrazada, lo dije porque los ojos de Mariella me dieron tristeza, porque recordé lo que es ser contemplada y contemplar, besar y ser besada sin penas, sin verguenzas, con toda la felicidad que cabe en ese ratito.

Lo dije, porque sé que en algunos momentos dos que fueron dos, que son dos y serán dos, de pronto se contemplan como uno solo.

La pareja se alejó, abrazados el uno al otro. Mariella seguía ahí, sin decir nada, y su pelo ya no estaba más en su cara.

Lo último que vimos de esos unos, que son dos, fueron sus siluetas, confundiéndose con las sombras de los árboles.

servido por maria eugenia 2 comentarios compártelo

28 Marzo 2006

Emilio, mi gato que no tiene verguenza de ser como es.

Hoy salí temprano de mi casa, y mi gato - cosa extraña- no me siguió hasta la puerta para salir corriendo como poseído por el espíritu de algún demonio felino; por el contrario ( y por eso creo que se está haciendo mayor) se quedó viéndome, echado como estaba sobre un cojín, y no se inmuto, saltó, o me mordió cuando me acerqué a mirarlo.

Ay Emilio!, ¿dime si no eres un gato extraño, travieso y demandante?, pero a veces, como ahora, me haces creer que realmente en algún momento me vas a decir que esta no es mi casa, y purrrrrrrr qué carajos estoy parada acá, viéndote sin pestañear, y encima tapándote el sol.

servido por maria eugenia sin comentarios compártelo


Sobre mí

Avatar de maria eugenia

Batiscafo

lima peru, Perú
ver perfil »
contacto »
Nelsón y Nicolás, los únicos hombre en mi vida

Fotos

maria eugenia jordán todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera